Desde la infancia queremos vivir esta experiencia, ser independientes, vivir lejos de casa, tener nuestras propias cosas y hacer todo lo que queremos. Era un sueño lejano, un sueño que siempre pensamos que estaba muy lejos. Pero el tiempo pasa muy rápido y todo llega antes de lo que imaginamos.

Ha llegado el momento de decidir, de decidir dónde vamos a vivir, dónde vamos a estudiar, dónde pasaremos los próximos meses o años de nuestra vida. Todas estas decisiones van a ser muy importantes en el futuro.
Podemos sentir cualquier tipo de sensación, desde la tristeza hasta la felicidad, durante todo el proceso de ir a vivir a otro país. Un país diferente al nuestro, con otra cultura, otras costumbres, otra forma de vida …
Y la respuesta es muy clara, LA MOTIVACIÓN. Estamos motivados por el hecho de que podemos hacer todas las cosas por nosotros mismos. Ir a vivir lejos de casa siempre es positivo, desde cualquier punto de vista. Nos permite conocernos a nosotros mismos, saber qué podemos hacer y decir en cualquier situación.
Al principio todo parece muy difícil, sin la ayuda de nadie. Los primeros días vemos todo muy oscuro y tendemos a ser pesimistas. Pero solo toma unos días adaptarse a esta nueva etapa de la vida. Es increíble la cantidad de personas que conocemos y que se están convirtiendo en nuestra familia, porque son los que vivirán con nosotros esta aventura.
Cuando llega el momento de regresar a nuestro país, nos damos cuenta de las muchas cosas que hemos aprendido. Todo lo que hemos experimentado es positivo, porque aunque hayamos tenido una mala experiencia, siempre tendremos muchas más buenas. Y será una experiencia que nunca olvidaremos.